Un archivo hallado recientemente en nuestro país reabre la polémica en torno a la existencia del mítico aparato que habría permitido espiar otras épocas.
En los últimos meses comenzó a circular en Argentina un conjunto de registros enigmáticos que estarían vinculados al llamado cronovisor: un dispositivo que, según diversas teorías, habría sido custodiado por el Vaticano y permitiría visualizar escenas del pasado… e incluso del futuro.
El material llegó a manos del artista visual Javier Galli, quien actualmente trabaja en la recuperación y reinterpretación estética de las imágenes. Entre los fragmentos aparecen figuras de la televisión argentina de décadas pasadas, aunque algunas secuencias muestran situaciones imposibles: transmisiones que parecen anticipar eventos de otro tiempo, o de un tiempo alternativo.
El mito del cronovisor remite a ciertos sacerdotes e inventores que, durante el siglo XX, habrían participado de su desarrollo en secreto. Hoy, tras la muerte del papa Francisco hace algunos meses, comienzan a circular rumores sobre documentos y fotografías que habrían quedado en manos de allegados en nuestro país.
“Lo que apareció no es sólo material televisivo antiguo, sino también escenas que parecen provenir de un tiempo que aún no ocurrió. Lo interesante es el cruce entre mito, fe y tecnología”, explica Galli.
Las imágenes —algunas de ellas atravesadas por glitches, interferencias y distorsiones— serán dadas a conocer progresivamente en una serie de publicaciones digitales y exhibiciones.
Por ahora, el misterio permanece abierto:
¿ficción artística o evidencia de que el cronovisor existió realmente?
Archivo 01_Σ — Emisión residual
Archivo 09_β – Canal 7_BB (interferencia detectada)
Archivo 04_Σ
Ubicación: sala anexa al oratorio.
Estado: dispositivo activo — emisión residual.
Observación: persistencia acústica no identificada.
Archivo 02_Φ — Señal inestable
Documento 12_Ω - Señal decodificada parcialmente
Archivo 03_Δ — Deteriorado, sin registro sonoro
Nota del archivo:
El padre Pellegrino Ernetti sostuvo hasta su muerte, en 1994, que el Vaticano había ocultado el cronovisor para evitar que cayera en malas manos. En 1988, el propio Vaticano decretó que «cualquiera que utilizara un instrumento de tales características sería excomulgado».
Poco antes de morir, Ernetti escribió una carta abierta en la que insistía en la existencia del dispositivo:
“El Papa Pío XII nos prohibió revelar cualquier detalle porque la máquina era demasiado peligrosa. Podría restringir la libertad del hombre.”